Dicen que hay sólo un paso del amor al odio. Es mentira. Científicos británicos acaban de demostrar que el odio nace en las mismas zonas del cerebro en las que nace el amor.
El cerebro de 17 voluntarios fue observado por resonancia magnética mientras les enseñaban fotos entre las que había alguien a quien detestaban. Cuando por ejemplo, sentimos odio por nuestro jefe, se activan las mismas zonas donde se generan los actos irracionales y agresivos.
También comprobaron que a más odio, más actividad cerebral. Amor y odio no son exactos: cuando amamos dejan de funcionar el juicio y el razonamiento. Perdemos la cabeza. Cuando odiamos no. Somos plenamente conscientes. De hecho necesitamos motivos para odiar.
Este hallazgo podría llegar a tener consecuencias en el campo de la criminalidad, por lo que el debate ético está servido.
